Opinión Financiera y de Negocios - Abril 2017

El mes de abril fue extrañamente calmo en cuanto a nuestra relación con los vecinos. Desafortunadamente, la razón no fue que su presidente modulara sus posturas o que finalmente entrara en cordura. La razón principal fue su interés en legitimar su poder a través de fanfarronerías bélicas. Así iniciaron las tensiones con Siria, aparentemente como respuesta al condenable ataque químico a la población civil (incluyendo niños); y por otro lado el despliegue de artillería cerca del territorio Norcoreano.

Estas estrategias bélicas surgen de manera paralela a las estimaciones del crecimiento económico del primer trimestre en los Estados Unidos. Muy bajo en comparación con lo que se esperaba y con lo que el propio inquilino de la oficina oval prometiera en campaña. Asimismo, las cifras de empleo van muy por debajo de las promesas hechas por el magnate. Ante estos escenarios, la tentación (y nefasta alternativa) con la que cuenta un presidente en ese país, es justificar alguna intervención bélica. La guerra es un buen negocio. Es un motor artificial que desencadena movimiento económico pues además de todos los consultores involucrados, toda la manufactura se beneficia (armamento, uniformes, alimentos, combustible, transporte, etc.).

Sin embargo, pasó esta aparente calma y volvimos a ver sus artimañas de negociador corporativo abusivo: dijo que se salía del TLCAN. Peña y Trudeau hablarn con él. Siempre no. La realidad es que a ninguno de los tres países nos conviene terminar un tratado de esta magnitud. En conjunto somos uno de los bloques más fuertes a nivel mundial. Si el viejo continente no se disuelve ante una derrota de Macron en Francia, América del Norte y Europa son los contrapesos naturales a los tigres asiáticos, cuyo liderazgo comercial, bélico o económico no conviene a nadie.

Nuestra economía creció 2.5% durante el primer trimestre del 2017 en comparación con el mismo período del año pasado. Aparentemente sorteando los escenarios catastróficos ante una inminente salida de E.U. del TLCAN. La manufactura retrocedió mientras que sectores como el comercio, la agricultura y el turismo repuntaron empujando el indicador hacia arriba. Sin embargo, la inflación ha ido en aumento, principalmente por el traslado del precio del dólar y el incremento en los combustibles. Las expectativas para el resto del año son de un crecimiento económico más sólido (en comparación con aquellas cifras publicadas durante los primeros días de la era Trump), inflación más alta y tipo de cambio volátil.

En nuestro sector, el mes de abril vio respirar a las operaciones inmobiliarias, ya que salvo contadas geografías, el primer trimestre del año castigó con desconfianza y parcial congelamiento a las operaciones de compra-venta y de desarrollo inmobiliario. Las rentas han venido favoreciéndose. La apuesta a nivel políticas públicas es aumentar la base de créditos entre tanto los bancos han subido tasas y endurecido requisitos.

Como mexicanos, apenas pasa la tormenta, solemos relajarnos en la cubierta del bote a tomar el sol. Creo que sería un grave error adoptar una postura como ésta. A ciencia cierta, no sabemos si la tormenta ha pasado, pues, si bien el presidente del vecino no ha logrado tanto como prometió, hay que estar preparado para sus posibles victorias, o peor aún, para enfrentar actos desesperados derivados de su frustración intentando disfrazar su incapacidad. Así que mantengamos la moral arriba, sigamos apoyando el consumo y el turismo interno y administremos bien nuestros negocios y hogares.